Filosofía
Liminosofía aporética: Una teoría provisional de los umbrales. (En proceso…)
Sobre qué son los umbrales y cómo se convierte uno en un ser liminal
¿Qué es un umbral?
Un umbral no es una frontera. Una frontera separa, su función es que las cosas queden a un lado u otro. Un umbral es diferente: es el punto donde dos estados de realidad coexisten simultáneamente sin que ninguno cancele al otro.
- El amanecer no es noche ni día.
- La orilla no es tierra ni mar.
- El momento de entender algo no es ignorancia ni conocimiento.
Lo importante: el umbral no es el camino entre dos lugares. Es un lugar en sí mismo. La mayoría de la gente lo atraviesa sin verlo. El ser liminal es el que se detiene ahí y dice: aquí hay algo.
¿Cómo se convierte uno en ser liminal?
No es una decisión, pero es algo que se puede reconocer y cultivar.
La tolerancia activa a la ambigüedad
No es solo que no te moleste no saber es que la ambigüedad te puede resultar genuinamente más interesante que la certeza. Donde otros sienten ansiedad ante “esto podría ser A o podría ser B”, el ser liminal siente curiosidad. La pregunta abierta es más viva que la respuesta cerrada.
El síndrome del outsider-insider
Encajas en cualquier grupo pero no perteneces completamente a ninguno. No porque seas inadaptado, al contrario, eres socialmente fluido. Mantienes siempre una distancia de observación que te impide disolverte. Eres el extranjero que aprendió el idioma perfectamente pero cuyo acento sigue revelando que vino de otro lado, porque esa revelación te hace más interesante.
Atención a las transiciones, no a los estados
Si hay una fiesta, lo que te fascina es el momento en que la gente llega y el momento en que se va, no el medio. Si viajas, te importa el trayecto tanto como el destino. Si hay una conversación, te atrae el punto donde cambia de tema. Tu atención vive en el cambio, no en lo estable.
Pensamiento por puentes
Como te mueves entre mundos (disciplinas, culturas, lenguajes, campos de conocimiento) constantemente ves conexiones que los especialistas no ven. No porque seas más inteligente, sino porque la vista desde el umbral entre dos territorios permite ver el mapa de ambos al mismo tiempo.
La incomodidad con la llegada
El destino siempre es ligeramente decepcionante comparado con el viaje. No porque seas imposible de satisfacer, sino porque tu estado natural es el movimiento y la apertura, no el establecimiento. Llegar significa que algo se cerró.
Hobbies y prácticas intrínsecamente liminales
Hay actividades que literalmente te ponen en un umbral:
- La fotografía y especialmente de umbrales arquitectónicos. Capturar el umbral entre un momento y su permanencia. La cámara es un instrumento liminal: detiene el tiempo sin matarlo.
- El amanecer y el atardecer como momento preferido para cualquier cosa. No el día, no la noche.
- Viajar hacia lo histórico es estar físicamente en el siglo XXI dentro de una muralla del siglo XII es habitar dos tiempos a la vez.
- La música que habita los silencios tanto como las notas.
- La lectura de ficción es literalmente el estado de estar dentro de una mente que no es la tuya mientras sigues siendo tú.
- La meditación hipnagógica en el estado entre vigilia y sueño donde la mente produce imágenes sin soñar aún.
- Los espacios físicos liminales como destinos preferidos: cuevas, orillas, ruinas, cementerios, puertos, estaciones de tren, faros. Lugares entre funciones, entre tiempos, entre mundos.
- El hacking en el sentido de Levy: vivir en el umbral entre cómo un sistema funciona y cómo podría funcionar. El hacker no está dentro del sistema ni fuera, está exactamente en la grieta.
El gato como modelo
El gato no es liminal por accidente. Su comportamiento describe la condición perfectamente: quiere estar en el lado donde no está, pero cuando lo consigue, ahora quiere regresar. La puerta entreabierta es el objeto de deseo, no lo que hay a cada lado.
Existe en el espacio doméstico pero mantiene una vida exterior que no te muestra. Duerme en el umbral hipnagógico entre el sueño profundo y el descanso superficial, listo para activarse en milisegundos. No pertenece a nadie pero elige con quién está.
Los egipcios lo entendieron. Por eso Bastet era guardiana de los umbrales del hogar, y los gatos eran animales sagrados: porque habitaban naturalmente el espacio entre el mundo humano y el mundo que los humanos no pueden ver.
El dios liminal: Hermes
Si hay un dios que encarna esta orientación no es el “dios de los mensajes” ni el “dios de los viajeros”, esas son taxonomías académicas posteriores. Hermes es un personaje, y su rasgo definitorio es: los límites son información, no restricciones.
El día que nació se escurrió de su cuna, robó el ganado de Apolo, los hizo caminar hacia atrás para confundir las huellas, fabricó una lira con el caparazón de una tortuga, y estaba de vuelta en la cuna fingiendo dormir antes de que nadie se diera cuenta. No tenía un objetivo estratégico. Lo hizo porque vio un sistema y su respuesta instintiva fue: ¿cómo funciona esto? ¿puedo moverlo?
Es el único dios que puede ir a cualquier parte (Olimpo, mundo mortal, Hades) no porque sea el más poderoso, sino porque es demasiado escurridizo para que las reglas le apliquen completamente. Y a nadie le molesta demasiado. Apollo estaba furioso y terminó siendo su mejor amigo.
Hermes es la encarnación de la curiosidad como fuerza activa en el mundo: la que no puede ver un sistema sin querer entenderlo, una frontera sin querer cruzarla, o dos personas que no se hablan sin querer conectarlas.
La sombra del ser liminal
Toda orientación tiene su coste:
- Pertenece a todas partes un poco y a ningún sitio completamente puede ser soledad.
- La llegada siempre decepciona un poco.
- Es difícil de categorizar, lo cual incomoda a los demás.
- Existe la tentación de usar la movilidad entre mundos como forma de no comprometerse con ninguno. Es el umbral como refugio de la profundidad, en lugar de como acceso a ella.
La distinción importante: el ser liminal genuino no evita comprometerse. Hermes se comprometía completamente con cada acción: robó las vacas de verdad, fabricó la lira de verdad, negoció de verdad. La liminidad no es superficialidad ni miedo al compromiso. Es la capacidad de comprometerse plenamente con algo sin perder la capacidad de ver desde fuera simultáneamente.