Incendios forestales
Este blog no suele ir de estos temas, pero cada verano vuelve la misma conversación y casi siempre con las mismas ideas equivocadas. Así que he reunido lo que hoy se sabe con datos, explicado lo más llano que he podido.
Casi todos los incendios los provoca alguien
- 81% de los incendios en España tienen causa humana, y son el 85% de la superficie arbolada quemada.
- Solo el 5% son naturales, es decir, rayos. Otro 12% se queda sin causa conocida.
- De los provocados por personas, 53% del total son a propósito: quemar para que crezca pasto, quitar matorral, favorecer la caza, venganzas, piromanía. El resto son descuidos y accidentes: quemas agrícolas que se escapan, cables de luz, chispas de maquinaria, colillas.
- No se quema para construir después. Es el bulo más repetido y es falso: la Ley de Montes prohíbe cambiar el uso de un terreno quemado durante 30 años. De casi 28.000 incendios intencionados en una década, solo 52 buscaban eso. Ninguno lo consiguió.
El monte mediterráneo está hecho para arder
Esto suena raro pero es así. Muchas plantas de aquí llevan miles de años conviviendo con el fuego y se han adaptado a él: la encina rebrota desde la raíz después de quemarse, hay pinos cuyas piñas están selladas con resina y solo se abren con el calor de las llamas, y algunas jaras germinan mejor tras un incendio.
O sea: el fuego siempre estuvo ahí. Lo que ha cambiado es cómo arde.
Por qué ahora arde peor
- El campo era un tablero caótico antes y ahora es una sábana pulcra. Antes había cultivos, pastos, claros y bosques de distintas edades, todo entremezclado. Un fuego avanzaba un trecho y se topaba con algo que no ardía. Hoy hay grandes extensiones continuas y uniformes: nada lo detiene.
- Desapareció el ganado que se comía la maleza. Cabras, ovejas y vacas sueltas por el monte mantenían la vegetación baja a raya, igual que antes hacían los ciervos y las cabras salvajes. Ya no están ni unos ni otros, y la maleza crece sin freno.
- Esa maleza funciona como una escalera. Cuando entre el suelo y las copas de los árboles hay arbustos altos, el fuego trepa. Y un incendio que llega a las copas ya no se apaga: solo toca esperar a que cambie el viento.
- El clima lo agrava todo, el calentamiento global es, lamentablemente, un factor. Veranos más largos y secos significan más días al año en que basta una chispa, y plantas más secas que arden más rápido.
- 2025 fue el peor año de este siglo: unos 4.000 km² quemados, España a la cabeza de Europa. Pero el 2026 pinta peor.
Entonces, ¿hay que limpiar el bosque?
Depende mucho de qué se entienda por limpiar, y ahí es donde se suele confundir todo el mundo.
Arrasar con todo lo que hay bajo los árboles no funciona. Deja el suelo desnudo y al sol, y lo que vuelve a crecer primero son hierbas que en junio ya están secas: yesca perfecta. Encima te llevas por delante media biodiversidad del sitio.
Pero dejarlo todo a su aire tampoco. Aquí no hay bosque virgen: llevamos miles de años metiendo mano en este paisaje, y además hemos puesto pueblos y casas dentro.
Lo que de verdad funciona tiene, como suele pasar en cualquier discusión, algunos matices finos que no son ninguno de los extremos. Es abrir huecos donde importan: quemas controladas hechas por profesionales en invierno, franjas despejadas a los lados de pistas y carreteras, cortes de vegetación en los puntos por donde se sabe que el fuego correría, y sobre todo una faja limpia alrededor de los pueblos y las urbanizaciones. No es limpiar más ni menos. Es limpiar dónde, cómo y con criterio.
Lo que casi no sale en los titulares
Todo lo anterior sirve para que un incendio sea más manejable, no para que no ocurra. Y cuando ocurre, lo único que decide si se queda en un susto o se come una comarca es la rapidez con la que llega gente a apagarlo. La ventana de tiempo efectiva se mide en minutos.
Eso no es ecología: es presupuesto. Con brigadas contratadas tres meses al año y en condiciones precarias, ese fuego pequeño que debería haberse quedado en nada te llega al pueblo.
Tl;dr
Los incendios de hoy no son un problema de bosques sucios. Son un problema de un paisaje demasiado uniforme, un clima cada vez más seco y unos equipos de extinción sin medios. Y casi siempre empiezan porque alguien enciende algo.